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Voyager 1: a un día de luz de casa

El próximo 18 de noviembre de 2026, a las 11:16:07 hora peninsular española, la sonda Voyager 1 logrará lo que ningún objeto fabricado por el ser humano ha conseguido alcanzar: estará tan lejos de la Tierra que una señal de radio, viajando a la velocidad de la luz, tardará 24 horas completas en llegar hasta ella. Un día-luz. Unos 25.900 millones de kilómetros.

A esa distancia, Voyager 1 estará 5,6 veces más lejos que Neptuno. Y sin embargo, en sus casi 50 años de viaje, solo habrá recorrido el 0,0027% de la distancia que nos separa de Proxima Centauri, la estrella más cercana al Sol.

Una bombilla que se oye desde el otro lado del sistema solar

Voyager 1 transmite con una potencia de 23 vatios, comparable a la bombilla de un frigorífico. Esa señal sale de una antena parabólica de 3,7 metros de diámetro apuntada hacia la Tierra y viaja durante casi un día entero por el vacío del espacio. Para cuando llega a nuestro planeta, su potencia se ha reducido a menos de un attovatio: una milmillonésima de milmillonésima de vatio.

¿Cómo es posible captar algo tan débil? Aquí entra la Deep Space Network (DSN), la red de comunicaciones de espacio profundo de la NASA. Son tres complejos de antenas repartidos estratégicamente por el planeta - en Goldstone (California), en Robledo de Chavela (Madrid) y en Canberra (Australia) - separados aproximadamente 120 grados de longitud para que al menos uno tenga siempre línea de visión con cualquier sonda, sin importar la rotación de la Tierra. Cada complejo cuenta con antenas de 34 metros de diámetro y una antena principal de 70 metros - casi la longitud de un campo de fútbol - equipadas con receptores enfriados criogénicamente casi al cero absoluto para minimizar el ruido electrónico.

La única antena que puede hablar con Voyager 2

Voyager 1 puede recibir comandos desde las tres estaciones de la DSN - se fue "hacia arriba" respecto al plano orbital de los planetas y es visible desde ambos hemisferios. Pero su hermana gemela, Voyager 2, lo tiene bastante peor. Tras su sobrevuelo de Neptuno en 1989, su trayectoria la llevó "hacia abajo", fuera del campo de visión de las estaciones del hemisferio norte. Desde entonces, solo una antena en todo el planeta puede enviarle órdenes: la DSS-43, la antena de 70 metros del complejo de Canberra, en Australia. Las estaciones de Goldstone y Madrid pueden escuchar su débil señal, pero no tienen forma de responderle.

Entre mayo de 2025 y febrero de 2026, esa antena estuvo fuera de servicio por una importante actualización, con solo pequeñas ventanas operativas en agosto y diciembre de 2025. Durante esos meses, Voyager 2 quedó completamente sola: recibiendo sus datos, sí, pero sin posibilidad de enviarle un solo comando. Si algo hubiera salido mal a bordo, los ingenieros del JPL solo habrían podido mirar.

Cuando Voyager decidió usar una radio de 1981

En octubre de 2024, el sistema de protección contra fallos de Voyager 1 se activó después de que los ingenieros encendieran un calentador a bordo. El sistema, actuando de forma autónoma a miles de millones de kilómetros de cualquier técnico, redujo la tasa de transmisión y luego hizo algo inesperado: cambió del transmisor de banda X al transmisor de banda S, una radio de respaldo que no se había utilizado desde 1981. Más de 40 años apagada, y funcionó. Los ingenieros lograron reactivar el transmisor principal y restaurar las comunicaciones en noviembre de ese año.

No fue la primera vez que la sonda daba un susto. En noviembre de 2023, Voyager 1 dejó de enviar datos científicos legibles. El equipo del JPL tardó aproximadamente cinco meses en diagnosticar el problema - un chip de memoria defectuoso en uno de los ordenadores de a bordo - y redirigir las operaciones para esquivar el componente dañado. Cada intento de diagnóstico requería enviar un comando, esperar casi dos días a la respuesta, interpretar el resultado y enviar un nuevo comando. Asistencia técnica remota a escala interestelar, con herramientas diseñadas en los años 70.

Tecnología de otra época

Los tres ordenadores de Voyager 1 suman 68 kilobytes de memoria entre todos. Sus procesadores funcionan a 250 kHz. Para ponerlo en contexto: cualquier calculadora científica actual tiene más capacidad de cálculo. La sonda envía datos científicos a 160 bits por segundo - unas 500.000 veces más lento que una conexión doméstica de fibra óptica - y recibe comandos a apenas 16 bits por segundo.

Con el hito del día-luz, cada orden enviada desde la Tierra tardará 24 horas en llegar y otras 24 en recibir confirmación. Como lo describe Suzy Dodd, directora del proyecto Voyager en el JPL: "Si envío un comando diciendo 'buenos días, Voyager 1' a las 8 de la mañana de un lunes, recibiré la respuesta de Voyager 1 el miércoles a las 8 de la mañana, aproximadamente".

Y a pesar de todo eso, la sonda sigue funcionando. A fecha de hoy, dos instrumentos científicos permanecen activos: el magnetómetro y el subsistema de ondas de plasma. Los generadores termoeléctricos de radioisótopos que alimentan la sonda, cargados con plutonio-238, producen cada vez menos electricidad. Según las estimaciones del JPL, Voyager 1 podría seguir operativa con al menos un instrumento hasta principios de la década de 2030. Después de eso, seguirá viajando en silencio.

Para poner en perspectiva lo que significan esos 160 bits por segundo, basta compararlos con lo que la NASA ha conseguido casi 50 años después. En 2023, el experimento DSOC (Deep Space Optical Communications), embarcado en la sonda Psyche, demostró que es posible comunicarse con una nave en espacio profundo mediante láser en lugar de radio. El resultado: 267 megabits por segundo desde 30 millones de kilómetros, más de un millón de veces más rápido que la tasa de datos de Voyager. Para la prueba de transmisión de vídeo, los ingenieros del JPL precargaron en la sonda un clip de 15 segundos de un gato llamado Taters persiguiendo un puntero láser. Ahora bien: la ventaja del láser no es la rapidez física de la señal -ya que tanto la radio como el láser son ondas electromagnéticas y viajan a la misma velocidad de la luz- sino la cantidad de información que pueden transportar. Un mensaje láser a la Voyager 1 seguiría tardando 24 horas en llegar, pero en lugar de unos pocos bytes, podría contener terabytes de datos.

Una escala difícil de imaginar

Voyager 1 tardará unos 300 años en alcanzar la nube de Oort, el hipotético cinturón de objetos helados que marca el límite gravitacional del sistema solar. Atravesarla le llevará otros 30.000 años. Y dentro de unos 40.000 años, pasará a 1,7 años-luz de la estrella Gliese 445, en la constelación de la Jirafa.

Mientras tanto, la herramienta interactiva NASA Eyes permite seguir la posición de Voyager 1 en tiempo real, con datos actualizados cada cinco minutos. A fecha de hoy, la sonda se encuentra a unos 25.460 millones de kilómetros de la Tierra, alejándose a una velocidad relativa de unos 130.000 km/h. Faltan menos de cinco meses para el día-luz.

Sitios relacionados:

- [NASA Eyes on the Solar System - Voyager 1]- Herramienta interactiva de la NASA/JPL para seguir la posición, distancia y velocidad de Voyager 1 en tiempo real.
- [The Planetary Society] - Galería con las fotografías más destacadas tomadas por Voyager 1 y 2 durante sus sobrevuelos de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, incluyendo el célebre Pale Blue Dot.

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